sábado, 2 de julio de 2016

Valizas

Ubicadas en el sureste del departamento de Rocha, más precisamente alrededor del kilómetro 270 de la ruta nacional 10, se encuentran las pequeñas ciudades de Aguas Dulces y Valizas.

Con pequeñas calles de arena, playas gigantes y pequeños ranchos de madera, Aguas Dulces se constituye como la mejor propuesta para aquellos que desean viajar con poca ropa, paciencia y muchos libros. El origen de este balneario encantador se puede situar en las casas de fin de semana que los pobladores de la ciudad de Castillos construyeron frente al mar hace muchos años. Aguas Dulces debe su nombre al hecho de que en su suelo es realmente muy fácil encontrar agua dulce y pura, tan sólo basta realizar un hoyo poco profundo para que emerja.

Si hay que definir a Valizas, bastan dos palabras: “rústica” y “bella”; estas podrían ser perfectamente las dos que sintetizaran de manera ideal el espíritu de esta ciudad costeña.

La mejor opción para llegar a ellas es ir hasta la localidad de Rocha por ruta nacional 9 y ahí tomar la ruta provincial 10. Son aproximadamente 160 los kilómetros que las separan de la ciudad de Punta del Este y se encuentran a 275 kilómetros de la capital Montevideo.

Ambos pueblitos de pescadores disponen sus ranchos sobre las claras e inmensas dunas blancas que miran al mar salpicadas por lagunas naturales que sobresalen a simple vista. Pero también hay casas, cabañas y hostales que cuentan con todos los lujos y servicios de la modernidad.

De día, la playa obliga. La mayoría de las actividades tiene que ver con el agua y la arena, pero también es posible hacer trekking y caminar hasta el arroyo Valizas, que conduce al magnífico e imponente bosque de ombúes; visitar la laguna de Castillos, subir el cerro Buena Vista o simplemente leer un libro sobre la arena (mate y termo a un costado) son otras opciones, por supuesto. Un gran médano de arena que cae al mar, al que las voces locales bautizaron “El Gran Vali”, es ideal para practicar sandboard durante el verano.

De noche, solo hay que dejarse llevar por los artesanos, por la música y el candombe que se escapan por algún pub o por la simple magia de ver uno de los cielos más estrellados y limpios del mundo. Todo es posible

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