sábado, 2 de julio de 2016

gruta de los helechos, tacuarembó



Marcelo Sola Jorge González :

Encontrar la Gruta de los Helechos significó haber dado con un tesoro que la naturaleza tiene muy bien escondido. Si bien se está promocionando este nuevo circuito turístico, aún no posee la infraestructura necesaria para llegar a él sin problemas, cosa que lo hace aún más atractivo.

Salimos de Tacuarembó por la Av. Paul Harris con dirección noroeste. Cruzamos los dos puentes pintados de vistosos colores y en la primera entrada doblamos hacia la izquierda por la Av. Gutiérrez Ruiz. Luego, llegamos a un punto donde el camino se bifurca: hacia la derecha lleva al balneario Iporá y hacia la izquierda se ingresa a un camino de basalto con dirección a las grutas. Desde este punto quedan aproximadamente ocho kilómetros por recorrer. La tranquera de acceso la encontramos a mano derecha.

A medida que transitamos por el camino vecinal que conduce a Zapara, comenzamos a apreciar un hermoso paisaje de cuchillas, montes y afloraciones rocosas. Estábamos inmersos en el corazón de la penillanura sedimentaria uruguaya, que entre subidas y bajadas fuimos atravesando hasta alcanzar los límites de la cuesta basáltica donde se encuentra la gruta que estábamos buscando.


Al llegar a la tranquera, y luego de golpear las manos, fuimos atendidos por el Sr. Luis de los Santos -de 53 años al momento de escribir esta nota-, que con gran vocación de servicio se puso a nuestra disposición para acompañarnos hasta el lugar donde se encuentran los helechos gigantes. Luis es un hombre conversador tal vez por estar demasiado tiempo solo en el paraje o por ser un apasionado del lugar.

No dejó de brindarnos toda la información sobre el sitio que estábamos visitando. Pero también tiene bien en claro que el paisaje se aprecia mejor en silencio y por esta razón sabe respetar los momentos de contemplación haciéndose a un lado.


Al parecer el terreno que estábamos pisando resulta de la fosilización de las dunas de clima desértico constituidas por arenas de cuarzo acumuladas durante el período Triásico Superior. Según Luís de los Santos, este lugar es una “enciclopedia del suelo”, ya que si se presta atención, se pueden ver todos los momentos por los que pasó hasta llegar a su conformación actual.

La caminata en medio del campo se hizo larga pero amena. A medida que nos fuimos acercando al lugar, el rumor de un arroyo se fue haciendo cada vez más presente. Pronto comenzamos a llegar a la zona donde se encuentra la gruta propiamente dicha. En realidad, es una quebrada rodeada de bosque nativo.

Gracias al microclima que se ha generado por la bajada abrupta del terreno, ha nacido un bello sotobosque de helechos que vive al amparo de la sombra de los árboles, también gracias a la humedad de los cursos de agua que afloran desde el suelo. El lugar está repleto de líquenes, que indican la pureza del oxígeno en el lugar.


Despacio y prestando suma atención, comenzamos a descender un par de metros para internarnos en ella. Al ingresar nos encontramos con una muy variada vegetación autóctona y un límpido hilo de agua que corría por el centro. Sobre los laterales de la quebrada apreciamos múltiples helechos de tamaños inusuales; algunos superan el metro de diámetro y otros son apenas perceptibles. El lugar es húmedo pero a pesar de ello, acogedor. Nos quedamos un buen tiempo observando las especies y contemplando lo que la madre naturaleza había montado en este perdido lugar del planeta.

Luego de haber disfrutado de este sitio que la mano del hombre aún no ha trasformado, salimos de la gruta para dirigirnos a un mirador natural y de ese modo obtener una vista panorámica general del sitio que estábamos visitando.
En esta región es posible encontrarse con especies nativas como el tatú –que es parecido a una mulita–, el águila colorada, chajás o la pava del monte.


Finalmente, concluyó nuestro recorrido en el mismo punto en que comenzó. Muy agradecidos por la compañía, nos despedimos de Luis y emprendimos el retorno.
Esperamos que con el tiempo se mejoren las indicaciones mediante el uso de carteles para que sea más fácil encontrar el lugar. Los helechos gigantes y el maravilloso microclima del lugar merecen una visita.


gruta de los helechos se encuentra a 8 kilómetros de Tacuarembó por el camino vecinal que conduce a Zapara.




abierto todo el día.




El lugar sólo puede ser visitado mediante la compañía del guía. Se recomienda utilizar calzado cómodo y seguro. Por otro lado, es muy importante ir prestando atención al camino hasta dar con la tranquera de entrada a las grutas.

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