Ubicadas en el sureste del departamento de Rocha, más precisamente alrededor del kilómetro 270 de la ruta nacional 10, se encuentran las pequeñas ciudades de Aguas Dulces y Valizas.
Con pequeñas calles de arena, playas gigantes y pequeños ranchos de madera, Aguas Dulces se constituye como la mejor propuesta para aquellos que desean viajar con poca ropa, paciencia y muchos libros. El origen de este balneario encantador se puede situar en las casas de fin de semana que los pobladores de la ciudad de Castillos construyeron frente al mar hace muchos años. Aguas Dulces debe su nombre al hecho de que en su suelo es realmente muy fácil encontrar agua dulce y pura, tan sólo basta realizar un hoyo poco profundo para que emerja.
Si hay que definir a Valizas, bastan dos palabras: “rústica” y “bella”; estas podrían ser perfectamente las dos que sintetizaran de manera ideal el espíritu de esta ciudad costeña.
La mejor opción para llegar a ellas es ir hasta la localidad de Rocha por ruta nacional 9 y ahí tomar la ruta provincial 10. Son aproximadamente 160 los kilómetros que las separan de la ciudad de Punta del Este y se encuentran a 275 kilómetros de la capital Montevideo.
Ambos pueblitos de pescadores disponen sus ranchos sobre las claras e inmensas dunas blancas que miran al mar salpicadas por lagunas naturales que sobresalen a simple vista. Pero también hay casas, cabañas y hostales que cuentan con todos los lujos y servicios de la modernidad.
De día, la playa obliga. La mayoría de las actividades tiene que ver con el agua y la arena, pero también es posible hacer trekking y caminar hasta el arroyo Valizas, que conduce al magnífico e imponente bosque de ombúes; visitar la laguna de Castillos, subir el cerro Buena Vista o simplemente leer un libro sobre la arena (mate y termo a un costado) son otras opciones, por supuesto. Un gran médano de arena que cae al mar, al que las voces locales bautizaron “El Gran Vali”, es ideal para practicar sandboard durante el verano.
De noche, solo hay que dejarse llevar por los artesanos, por la música y el candombe que se escapan por algún pub o por la simple magia de ver uno de los cielos más estrellados y limpios del mundo. Todo es posible
sábado, 2 de julio de 2016
Gardel
En Valle Edén, a escasos 21 kilómetros de Tacuarembó, se encuentra el Museo Carlos Gardel, donde se testimonia el nacimiento del famosísimo cantante de tangos un 11 de diciembre de 1887 en este pequeño terruño uruguayo.
Mucha es la controversia sobre el origen de Carlos Gardel. En el interior de este recinto se narra una historia tan despiadada que parece inverosímil. Sin embargo, devela el nacimiento del “zorzal criollo” - como era conocido el cantante – y el porqué de tanto ocultamiento y confusión.
Según distintas investigaciones periodísticas, todo indica que Carlos Gardel nació en Tacuarembó en la estancia Santa Blanca, propiedad de quien habría sido su padre, el coronel Carlos Escayola, que era el jefe político y de policía del Dto. de Tacuarembó. Las versiones sobre la negación de Escayola a reconocerlo como hijo sorprenden a todos los investigadores. Al parecer, el coronel tenía un amor oculto con la Sra. Juana Sghirla – ciudadana argentina y esposa del cónsul italiano Juan Oliva. Escayola, para estar cerca de su amor, se casó con las 3 hijas de Oliva –Sghirla y enviudó de todos sus matrimonios.
Según cuenta la investigación, el coronel mientras estaba casado con su segunda esposa mantuvo relaciones adúlteras con su cuñada menor de edad (tercer hija de Juana Sghirla), llamada María Lelia. El prestigio social y político de todos los personajes que componen esta historia hizo que el hecho se ocultara celosamente, ya sea por respeto o por temor a la figura del coronel Escayola.
Siendo menor de edad, María Lelia fue llevada a la estancia Santa Blanca, donde dio a luz a un varón. El niño fue entregado a una criada de la estancia de origen francés llamada Berta Gardes, quien le otorgó el apellido a “Carlos” y luego de unos años emigró a la Argentina.
Las infidencias del personal de la estancia y la ausencia en la escena social de María Lelia fueron tejiendo esta abrumadora historia llena de vergüenza y de secretos familiares que esconderían las verdaderas raíces del “mago” Carlos Gardel.
El museo muestra distintos documentos, entre los que cuentan: la libreta de enrolamiento, la partida de defunción, el pasaporte y distintos artículos periodísticos donde el mismo Carlos Gardel afirmaría su nacionalidad uruguaya. Además, el sitio posee fotografías del cantante y todo el tiempo se escuchan sus canciones en la sala.
Entrevistado por El Telégrafo de Paysandú el 25 de octubre de 1933, Gardel dijo: “… ya que insiste, uruguayo, nacido en Tacuarembó.”
El desenlace de esta historia queda abierto a la consideración de cada visitante. De lo que no tenemos ninguna duda es de que Gardel es la voz del tango , pero esa es otra historia. Recomendamos disfrutar del Museo Carlos Gardel.
Carlos Gardel
Valle Edén - Ruta 5 a 25 Km. de Tacuarembó
(45000)
Tacuarembó
Tacuarembó
Tel: +598 (63) 2-2898 Fax: +598 (63) 2-2599
Punta del Diablo
El pintoresco pueblo de pescadores Punta del Diablo muere en el mar. Con calles curvadas por el viento, con una arquitectura rústica y con playas que seducen a todo aquel que pisa sus arenas, es uno de los balnearios preferidos por quienes visitan el Norte uruguayo. Una enorme cantidad de piedras embellece el paisaje costero con formas redondeadas por el caprichoso trabajo del tiempo, huellas emblemáticas de la erosión del mar y el viento.
Ubicado casi en el kilómetro 300 de la ruta 9 que nace en Montevideo, Punta del Diablo pertenece al departamento de Rocha y se encuentra a 140 kilómetros de Punta del Este y a 60 kilómetros de la localidad de La Pedrera.
La brújula nos cuenta que Punta del Diablo se encuentra rodeado al norte por el Parque Nacional Santa Teresa, al sur por las reservas forestales de pinos y eucaliptos, al este por la bravura del océano Atlántico y al oeste por la fantástica Laguna Negra, meta de innumerables excursiones durante el verano.
Al igual que en otros conocidos balnearios uruguayos, sus playas más visitadas son La Brava, con olas grandes y movedizas, y La Mansa, mucho más tranquila porque descansa sobre una pequeña bahía que la resguarda del viento. Se trata de dos opciones perfectas para divertirse: una, para los jóvenes y surfistas, y la otra, para padres de niños pequeños que pueden jugar lejos del peligro sin dejar de disfrutar del agua.
Los artesanos y sus artesanías también encontraron su lugar en Punta del Diablo, casi pegados al mar. En el extremo más rocoso se ha instalado una feria artesanal con puestos autorizados que muestran al turista todo tipo de trabajos realizadas con caracoles marinos, maderas, cerámicas y estrellas de mar.
Por las noches, además de esta feria, distintos y acogedores paradores ofrecen cenar deliciosas comidas de mar y disfrutar con excelentes tragos cualquiera de las veladas que terminan generalmente antes de que salga el sol.
La pesca es también sinónimo de Punta del Diablo. Aquí, el tiburón es el gran protagonista y de él depende la mayoría de los pescadores artesanales que amarran sus coloridos botes en la costa y esperan las bondades del clima para salir en su búsqueda, algo que pueden apreciar los visitantes que madruguen o que esperen a ver cómo al atardecer decenas de hombres regresan con la pesca del día de este bello pero respetado mar.
Ubicado casi en el kilómetro 300 de la ruta 9 que nace en Montevideo, Punta del Diablo pertenece al departamento de Rocha y se encuentra a 140 kilómetros de Punta del Este y a 60 kilómetros de la localidad de La Pedrera.
La brújula nos cuenta que Punta del Diablo se encuentra rodeado al norte por el Parque Nacional Santa Teresa, al sur por las reservas forestales de pinos y eucaliptos, al este por la bravura del océano Atlántico y al oeste por la fantástica Laguna Negra, meta de innumerables excursiones durante el verano.
Al igual que en otros conocidos balnearios uruguayos, sus playas más visitadas son La Brava, con olas grandes y movedizas, y La Mansa, mucho más tranquila porque descansa sobre una pequeña bahía que la resguarda del viento. Se trata de dos opciones perfectas para divertirse: una, para los jóvenes y surfistas, y la otra, para padres de niños pequeños que pueden jugar lejos del peligro sin dejar de disfrutar del agua.
Los artesanos y sus artesanías también encontraron su lugar en Punta del Diablo, casi pegados al mar. En el extremo más rocoso se ha instalado una feria artesanal con puestos autorizados que muestran al turista todo tipo de trabajos realizadas con caracoles marinos, maderas, cerámicas y estrellas de mar.
Por las noches, además de esta feria, distintos y acogedores paradores ofrecen cenar deliciosas comidas de mar y disfrutar con excelentes tragos cualquiera de las veladas que terminan generalmente antes de que salga el sol.
La pesca es también sinónimo de Punta del Diablo. Aquí, el tiburón es el gran protagonista y de él depende la mayoría de los pescadores artesanales que amarran sus coloridos botes en la costa y esperan las bondades del clima para salir en su búsqueda, algo que pueden apreciar los visitantes que madruguen o que esperen a ver cómo al atardecer decenas de hombres regresan con la pesca del día de este bello pero respetado mar.
La Pedrera
ideal para mirar el mar, La Pedrera debe su nombre a una formación de rocas y roquedales que se entremezcla con la arena de la orilla. Es un balneario pequeño y calmo. Su geografía forma un bello acantilado desde donde es posible disfrutar de los brillantes amaneceres, atardeceres y las numerosas noches estrelladas o de luna llena. Aquí todo es posible.
En invierno, las temperaturas bajan hasta los 10º C, mientras que en verano la mayoría de los días transcurren cercanos a los 30º C, temperatura ideal para estar zambullidos en el agua.
Ubicada a 260 kilómetros de la ciudad de Montevideo, pertenece al departamento de Rocha. La Pedrera es considerada uno de los más preciados pesqueros naturales que tiene el mundo. Abadejos, corvinas, grandes meros, lenguados, pejerreyes y grandes tiburones visitan en forma constante las cañas deportivas o las redes de los pequeños botes que internados a varios metros de la costa buscan la pesca del día para venderla en tierra firme. Desde Montevideo, los autobuses o vehículos particulares son el mejor modo de acercarse a este balneario; para llegar a él hay que tomar la ruta 9 y de allí viajar finalmente hasta tomar la ruta 10.
Familiar y apacible, La Pedrera tiene una diversidad de atractivos turísticos para ser disfrutados por las varias generaciones que lo visitan tanto en temporada como fuera de ella. El Desplayado es una de las playas preferidas por las familias con niños pequeños, ya que es ideal porque el oleaje es casi imperceptible y seguro. La Playa de Barco –que se llama así porque sobre sus costas se encuentran los restos del barco Cathay, que naufragó en 1971- presenta todas las virtudes necesarias para quienes desean surfear. Grandes olas y la presencia de muchos jóvenes hacen de este balneario un sitio donde la adrenalina se respira a toda hora.
Durante los días que van del invierno a la primavera es posible observar en La Pedrera los viajes migratorios de las ballenas francas que se dirigen hacia el Sur; un espectáculo único que es habitual ver desde este balneario uruguayo.
La oferta de alojamientos y lugares gourmets para salir a comer a toda hora responde a las exigentes demandas de quienes visitan el lugar. Hoteles, cabañas, resorts y apart hotels son los preferidos, aunque también existen campings, entre las variadas opciones. Simplemente, hay que llegar hasta allí.
En invierno, las temperaturas bajan hasta los 10º C, mientras que en verano la mayoría de los días transcurren cercanos a los 30º C, temperatura ideal para estar zambullidos en el agua.
Ubicada a 260 kilómetros de la ciudad de Montevideo, pertenece al departamento de Rocha. La Pedrera es considerada uno de los más preciados pesqueros naturales que tiene el mundo. Abadejos, corvinas, grandes meros, lenguados, pejerreyes y grandes tiburones visitan en forma constante las cañas deportivas o las redes de los pequeños botes que internados a varios metros de la costa buscan la pesca del día para venderla en tierra firme. Desde Montevideo, los autobuses o vehículos particulares son el mejor modo de acercarse a este balneario; para llegar a él hay que tomar la ruta 9 y de allí viajar finalmente hasta tomar la ruta 10.
Familiar y apacible, La Pedrera tiene una diversidad de atractivos turísticos para ser disfrutados por las varias generaciones que lo visitan tanto en temporada como fuera de ella. El Desplayado es una de las playas preferidas por las familias con niños pequeños, ya que es ideal porque el oleaje es casi imperceptible y seguro. La Playa de Barco –que se llama así porque sobre sus costas se encuentran los restos del barco Cathay, que naufragó en 1971- presenta todas las virtudes necesarias para quienes desean surfear. Grandes olas y la presencia de muchos jóvenes hacen de este balneario un sitio donde la adrenalina se respira a toda hora.
Durante los días que van del invierno a la primavera es posible observar en La Pedrera los viajes migratorios de las ballenas francas que se dirigen hacia el Sur; un espectáculo único que es habitual ver desde este balneario uruguayo.
La oferta de alojamientos y lugares gourmets para salir a comer a toda hora responde a las exigentes demandas de quienes visitan el lugar. Hoteles, cabañas, resorts y apart hotels son los preferidos, aunque también existen campings, entre las variadas opciones. Simplemente, hay que llegar hasta allí.
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